domingo, 8 de junio de 2008

Raíces

Ufff, no puede ser…ya es la hora de levantarse?…Anoche estuvo bien, demasiado bien como para que amanezca tan temprano al día siguiente. Mierda, sí, es de día; la luz vespertina entra por las rendijas de mi ventana (que debo arreglar) y me dan de lleno en el cuadro abstracto que es mi cara. Tengo que ir a hablar con Antoine para que me dé de una vez por todas el guión del cómic. Esta tarde he vuelto a quedar con Carmen en la Fontaine Sant Michel. Llevo viéndome con ella como tres meses ya. Resulta curioso, salí de España con la idea de fundirme en la vida de otras culturas, la francesa en concreto. Sin embargo, vivir aquí me ha hecho unirme aún más al lugar de donde vengo. Desde que estoy aquí me siento más integrado a la ciudad en la que vivo, pero al mismo tiempo ha nacido en mí un patriotismo exacervado que nunca tuve antes. Cada vez que hay un espectáculo cuyo principal protagonista sea español, voy como una flecha a reservar mi entrada para recibir desde mi ocupación parisina a un integrante de «mi tribu». Frecuento bares en los que se habla español. Allí conocí a Carmen. He conocido mucha gente aquí, pero ¿por qué me siento más atraido hacia ella? ¿Qué es eso que nos une en la distancia? Es ese vínculo, un hilo que mantiene unida en la lejanía dos partes de un mismo jersey.

Últimamente me siento a pensar, mientras me baño en el esporádico sol parisino, en todas aquellas personas que por cualquier motivo se fueron a otro país, que decidieron vivir de un modo u otro. Que decididieron dejar su tierra, sus raíces para poder comer o que simplemente salieron para poder conocer (que es otro tipo menos vital de alimentación).

¡Dios!, de verdad. ¡Qué careto! Tengo que dejar de salir hasta esas horas. Pero la verdad es que el tiempo pasa volando. Resultaba gracioso, aunque podía llegar a ser muy pesado, cuando tu padre o tu abuelo te lo decían, pero es cierto y no te das cuenta de ello hasta q tu vida cogió el ritmo suficiente como para que te sea lo suficientemente imposible pararlo. Por eso es mejor vivir la vida, sin pausa pero sin prisa, saboreando cada bocanada de gestos, sensaciones, sonidos e imágenes. Me gustan las imágenes, me gusta representar un trozo de realiadad en papel y que perdure hasta que sea pasto de llamas o del tiempo, que trabaja con tranquilidad pero que posee una acción nefasta para la eternidad. Son trocitos sesgados de un tiempo, de un momento que está pasando en el justo instante en el que lo plasmas en la fotografía o en el lienzo. Pero lo más impresionante de todo, es que en la realidad de mi ser, experimento abstracciones o fantasías que igualmente puedo reflejar.

Añoro los momentos que un día fotografié o dibujé de mi tierra, son reflejos de memoria idealizados. Es verdad que capté lo que pasó, pero mi mente me juega malas pasadas y transforma un hecho real en algo idílico. Es posible que sea por eso por lo que miramos atrás cuando estamos fuera y buscamos cualquier excusa para hablar de nuestro país o reunirnos con nuestra gente. Y todo eso a pesar de que me fuí porque no aguantaba estar allí encerrado en la inmensidad del horizonte, de la planicie inmensa de mi península.

He acabado deseando aquello de lo que huí; y todo porque los límites, por lo general, son finas líneas a veces incluso transparentes.

Publicado por Josito en 6/08/2008 05:33:00 p. m. |  
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